Se acabó el silencio. Después de tantos meses, ha llegado el momento de soltar todo lo que se ha ido acumulando.
La indignación se ha apoderado de muchos ciudadanos que en el mes de Mayo se plantaron ante quienes intentan imponernos unas normas que solo benefician a los que las hacen. La respuesta fue contundente. Antidisturbios que no dudaban en lanzar sus porras y balas de goma, como mínimo, contra el primero que pasaba por el lugar sin distinción de sexo, edad o condición. Esa violencia es legal y no hay nada que decir. ¿COMO QUE NO??? Los individuos que llevan a cabo esas prácticas y los que les dan las instrucciones, no son nadie para intimidar a los ciudadanos. Repito, como tantas veces he hecho, que los funcionarios están al servicio de los que les pagan, nosotros, y no al de quienes les dan órdenes, que también tienen la misma obligación. Los contribuyentes no somos esclavos de nadie, ni de políticos ni de jueces ni de policías ni de ningún tipo de empleado público. Son ellos los que nos deben obediencia a nosotros, que para eso sufragamos sus suculentas nóminas con nuestros impuestos.
Es incomprensible que quienes debieran velar por los intereses de todos, tan solo se preocupen de rescatar a las entidades financieras. No se entiende cómo pueden decir sin ruborizarse que los bancos no tienen dinero para créditos. ¿Y los miles de millones de Euros en beneficios que han anunciado, donde están? Seguramente en algún plan de pensiones de un alto cargo o en indemnizaciones por cese. En definitiva, en seguir financiando la buena vida y el lujo que rodea a esos individuos que no merecen el apelativo de personas. Pero como este sistema es como es, ellos continuarán disfrutando de sus privilegios y los pobres infelices que se encuentren entre sus redes y no puedan hacer frente a los pagos a los que se comprometieron, seguirán siendo amenazados y embargados hasta la ropa interior para que ellos sigan despilfarrando a su costa.
Tampoco se comprende que un ciudadano al que se le haya demandado por cualquier motivo, si pierde el litigio, deba hacer frente al pago de las costas. ¿Qué es eso? ¿Acaso los que intervienen en el juicio no son funcionarios y cobran un sueldo por hacer un trabajo? El denunciado debe pagar su abogado y si es derrotado al juez, o al juzgado, o a la administración, da igual. ¿Eso no es un abuso? ¿No se pagan impuestos precisamente para que esos individuos hagan su trabajo? No me vengan con la milonga de que las normas son las que son y las leyes están para cumplirlas. Esas leyes y esas normas, si perjudican a alguien, no sirven. Además, está la chulería y la prepotencia con la que jueces y policías se enfrentan a los ciudadanos. La condición de funcionario no significa que tengan derechos ni priviliegios, más bien al contrario, significa que tienen obligaciones, que en su mayor parte no cumplen, con la excusa de que no hay medios, bien sean económicos o humanos, para llevar a cabo su trabajo. Debe ser por eso que, al no poder realizar su labor, se pasan el día o desayunando o tocándose lo que no suena. Y que conste que no estoy en contra de ese colectivo, pero si de su actitud frente a quien les paga el sueldo. ¿Qué pasaria si un trabajador le dijese se jefe lo que tiene que hacer y se negase a realizar su labor? Que se iría al paro, sin contemplaciones. Pues eso. Y deberíamos empezar por los políticos, que se creen que tienen el poder de hacer y deshacer según les convenga o según los intereses de alguien o algo que les pueda beneficiar. De eso nada. Si no hacen lo que deben, a la calle.
Mucho hablar de apretarse el cinturón, pero los primeros en no hacerlo son, precisamente, aquellos que nos dicen ‘hay que hacer un esfuerzo’. Háganlo ustedes. Para empezar, su sueldo debería ser el salario mínimo, esos 600 y pico Euros que ustedes mismos consideraron el mínimo indispensable para vivir. El resto, hasta lo que cobran ahora, para servicios a los ciudadanos y para las pensiones, que, al fin y al cabo, para eso son los impuestos, no para que sus señorías se forren. Porque una cosa está clara, apretarse el cinturón y bajarse los pantalones a la vez, como que es imposible,
Y para colmo estamos en plena campaña electoral y, por ende, cansados de tanta palabrería inútil. Ni estado de derecho, ni democracia ni puñetas. Este país, o este sistema, no es nada de eso, sino más bien una dictadura parlamentaria que se escuda en sus propias reglas para seguir dando por donde amargan los pepinos al populacho que solo sirve para obedecer y poner el trasero cuando lo ordenan.
Así están las cosas. El que tiene y puede hace lo que le da la gana. El que no tiene y sale a la calle a protestar, es un agitador o un terrorista y la única solución es hacer que caiga sobre él todo el peso de la ley, esa que misma que quienes la hacen no cumplen, esa misma que habilita a jueces y “fuerzas del orden” para chulear al pobre diablo de a pie y molerlo a palos si conviene.
Basta ya de chulería, de palabras vacías y de ladrones. Hay que ir a votar el día 20, sí, pero en blanco o a partidos pequeños, para que los que están viviendo del cuento (por mucho que digan que se dejan la piel por su país) se den cuenta de una vez por todas de que los que mandamos somos nosotros, los ciudadanos. Ellos no son nadie sin nosotros. Y con nosotros tampoco. Y me da la impresión de que somos capaces de administrarnos sin necesidad de esa gentuza.

Loading...