Sucede a diario. Reaccionamos ante cualquier evento o frase que nos llega. No siempre es posible tener la actitud correcta respecto a lo que nos atañe, bien porque es nuevo para nosotros o ya sea porque no sabemos hacerlo, o tal vez porque el concepto que tenemos de lo que acontece es equivocado y no hemos caído en la cuenta de ello.
A veces, la situación en la que estamos inmersos nos hace reaccionar de una forma o de otra, seguramente distinta de la que en condiciones normales sería la opción más correcta. Con el paso de los años, llegamos a aprender de nuestros errores, a pesar de que ese aprendizaje quede oculto, según el caso, tras el quehacer cotidiano. De humanos es equivocarse, como también lo es rectificar, no siempre a tiempo. Pretender que todo aquello que tocamos alcance la perfección, no es más que un simple capricho, al que tenemos derecho, sin llegar al extremo de querer exportarlo, pero que no está al alcance de todos. Porque, aunque nos pese, somos imperfectos, tal vez la obra más imperfecta de la naturaleza (o de la creación, según creencias).
El ser humano ha evolucionado desde su aparición. Ha conseguido superar infinidad de barreras para llegar hasta donde se encuentra en estos momentos. Vencer las fuerzas que le rodean, a cualquier precio, ha sido su objetivo desde quien sabe que momento de la historia, adquiriendo conocimientos por y para ello y, a la vez, ignorando, conscientemente o no, las consecuencias. En ese vagar por la existencia, desde el inicio de los tiempos, se ha olvidado a menudo la esencia de la vida en sí misma. El hecho de lograr aquello que parecía imposible ha empañado el verdadero motivo que llevó a querer conseguirlo.
A pesar de los logros, la imperfección nos rodea y, aunque hagamos lo imposible por salvar ese escollo, me temo que esta vez se va a quedar en un intento. Aquello que construimos terminamos por destruirlo, y seguramente no somos conscientes de ello. Dicen que no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Posiblemente. Aunque más bien creo que no sabemos lo que queremos y por mucho que tengamos nunca llegaremos a valorarlo adecuadamente, a pesar de que haya quien crea que sí. Claro que, en un intento de ser imparcial, también puedo estar equivocado.

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