Tras un descanso, volvemos a la carga, en este nuevo año del calendario gregoriano que, como siempre, viene cargado de aquellos deseos de mejora que solemos mencionar. Y, como no, las tradicionales subidas de precios y la cuesta de enero, las nuevas normas de comportamiento y sus consabidas prohibiciones y limitaciones.
A nadie se le escapa que por mucho que queramos la vida seguirá su rumbo, obviando nuestros deseos y todas las esperanzas que pongamos en ellos. El año que se fué nos llenó de vivencias, seres que nos dejan, otros que vienen a suplir esos huecos, las luchas que libramos cada día para sobrevivir. En definitiva, un compendio de situaciones que nos hicieron reir, llorar, sentir, odiar, amar.
No siempre las perspectivas para el nuevo horizonte son las que deseamos, sin embargo, continuaremos ahí, intentando que nuestra existencia sea lo más placentera posible, dentro de nuestras humildes posibilidades. Hagamos una reflexión, cada cual con sus posibilidades y sus limitaciones. Procuremos conocernos mejor los unos a los otros y, sobre todo, a nosotros mismos. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Que así sea.
Feliz año a todos.

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